La madera presenta muchísimas vueltas: es un material noble, idóneo para obtener ambientes naturales y, además, es uno de los pavimentos más fáciles de instalar o de recuperar en el caso de que se trate de un piso antiguo.

Tan sólo exige un poco de cuidado cada cierto tiempo…

Tipos, cuidados  y mantenimiento

Cómo mantener un ambiente acogedor

Pocos pavimentos pueden superar la calidez que aporta la madera. Y para mantenerlo basta con barnizarlo o teñir cada cierto tiempo.

En los muestrarios de los comercios especializados se encontrará el parquet diferenciado según la tonalidad de la madera y por el sistema de instalación. De acuerdo a la primera, podará  elegir entre maderas claras, rojizas u oscuras.

Todas ellas tienen una dureza homologada, aun que la calidad –como el preció- oscila.

Como el primer día

En cuanto a la instalación, existen varios tipos de parquet, el encolado, el flotante el machihembrado, o el de tarima.

Cualquiera que sea la madera, ésta es sensible a los cambios de temperatura y de luz solar.

Por ello, al cabo de diez años, más o menos, deberá barnizarla de nuevo o aplicar tinte, laca o cera, según corresponda.

El piso recuperara así su brillo original y la habitación le parecerá aún más confortable.

Para mantener bastará con limpiar con agua y un chorrito de vinagre los pisos barnizados y con cera líquida los de acabado natural –generalmente el parquet.

Lijar pero con moderación

Algunos exigen más atención.

Por ejemplo, el parquet encolado y el flotante permiten tan solo dos lijados, ya que están formados por una capa muy fina de madera.

Paro si son tarimas de madera maciza, podrá lijar cuantas veces quiera –aunque se haga con la lijadora eléctrica, es una tarea agotadora; tampoco hace falta lijar cada año-. Una vez lo haya hecho, puede barnizar, laquear, encerar o teñir.

Como la cera, el parquet adquiere un brillo satinado, que podrá intensificar si añade un chorro al agua cada vez que lo limpie.